sábado, 13 de junio de 2009

Las Pequeñas coSas


Sentarme en cualquier orilla de cualquier playa y pensar en lo realmente importante de la vida. Mi felicidad depende de cosas tan gratuitas y tan caras a la vez como una sonrisa o un abrazo. Sentarme a esperar en un banco de cualquier estación a que pase mi tren, o ir a buscarlo incesantemente, aunque en muchas ocasiones las oportunidades no hace falta buscarlas, sino que llegan. Y creer, creer de nuevo en mí y en mi valía, creer en lo que puedo ofrecer y en lo que puedo seguir aprendiendo todavía, creer que soy capaz de afrontar retos como si fueran los primeros. Apoyarme en el tronco de cualquier árbol raído como si se tratase de un pantalón ajado por el tiempo. Respirar el perfume de unas notas de música o de una palabras agradables, mientras me tomo un café en cualquier bar de cualquier ciudad. Lugares que no importarían nada sino me llenasen como lo hacen por las sensaciones que aprendo a guardar en mi estantería de souvenirs diarios. Cartas de amor que nunca entregué, paseos nocturnos que nunca caminé, te quieros que nunca pronuncié, abrazos que negué, sonrisas que disimulé... Todo ahora vuelve a nacer y no cabrá lugar al arrepentimiento, porque hoy he vuelto a ser yo. Llenaré mi vida de cartas entregadas, de besos y abrazos regalados, de te quieros reflejados en los ojos, de paseos de noche y de día, de las pequeñas cosas que me hacen sentir bien.

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